Historia

Corría el año de 1988 y sentía que debía resolver un problema que podía ser sencillo para muchos pero para mí se convirtió en algo complicado y altamente preocupante.   En ese momento, mi única hija cumplía 5 años y después de haber estado en un centro especializado en preescolar comencé a cuestionar las opciones de enseñanza privada en la ciudad de Alajuela.   Tomando en consideración las experiencias que otras personas habían tenido con sus hijos, llegué a la conclusión que las posibilidades eran muy reducidas.

Otra opción que analicé fue la posibilidad que mi hija viajara a San José, donde sin lugar a dudas podría encontrar un centro de trayectoria muy reconocida, lógicamente los costos eran muy altos, además del hecho del tiempo de y el es esfuerzo que representaba el tener que desplazarse diariamente.   La tarea no fue fácil, quizás porque yo soy muy exigente y muchas instituciones educativas mercadeaban sus servicios enfatizando el hecho de tener una enseñanza bilingüe y, a decir verdad, este hecho nos parecía importante pero no suficiente, ya que según mi criterio había otros factores como:  oportunidades de desarrollo físico, intelectual y humano, la proyección para solucionar problemas de la comunidad, entre otros, que pesaban mucho en mi balanza.   En fin, todo aquello que preparara a mi hija para ser una mejor persona, con independencia de criterio y útil a la sociedad.  Estas características que buscaba en el sistema educativo eran difíciles de conseguir en un solo centro y en lo que más se acercaba a este perfil contaba con pocos espacios disponibles y las posibilidades de admisión eran muy reducidas.

Casualmente me encontré con algunos padres de familia que tuvieron un conflicto con la directora de un centro educativo local, el cual quería que los padres a través de un bono le financiaran la compra de un terreno para construir sus instalaciones.   Esta situación fue suficiente para que un grupo de personas  asesoradas por un padre de familia que trabajaba en INFOCOOP y algunos educadores, nos decidiéramos a formar una empresa cooperativa de servicios educativos, la cual cumpliera con una serie de puntos o exigencias que precisamente no había en el mercado alajuelense.   Visualizamos un centro educativo donde en forma organizada los padres de familia pudiesen opinar y participar en la educación de sus hijos.   Una institución que cumpliera con los requisitos del Ministerio de Educación Pública, con énfasis en el idioma español y el inglés como segundo idioma, además de ofrecer clubes artísticos a los educandos, así como eventualmente posibilidades de desarrollo cultual a los padres de familia.

 Un punto importante que se planteó desde el principio, situación que se ha mantenido invariable hasta el momento, fue ofrecer los servicios a un precio razonable, accesible a la clase media baja, con el fin de abrir puertas a una población que bajo las circunstancias no hubiera tenido recursos económicos necesarios para tener acceso a la educación privada.

Bajo esta premisa y con la convicción de contar con la capacidad administrativa y la visión necesaria, presenté un estudio de factibilidad, trabajo que hice en forma gratuita en bien de la educación de muchos niños y jóvenes que hoy se han graduado y se han convertido en futuros profesionales útiles a la sociedad.

El estudio de mercado se hizo tocando a las puertas de casas que se encontraban en el mercado meta.  Conocimos a muchas personas que tenían hijos estudiando en instituciones josefinas y que no les interesaba el proyecto.  Otras no querían complicar su vida y daban por un hecho que otras personas se encargarían de la educación de sus hijos.  Nos encontramos con algunos que les pareció interesante la idea y que además podrían aportar el capital solicitado.

Como estrategia posterior, una vez divulgada la idea, comenzamos a hacer reuniones para invitar amistades con hijos de nivel preescolar y escolar.   Estas reuniones se hicieron en un aula de una escuela pública, cuya directora le entusiasmó la idea.   Aquí fue donde conocimos a niños con deseos de aprender y padres deseosos de entregarnos a sus hijos a participar activamente en la formación de los mismos.

Como conclusión del estudio, se determinó que con 60 niños y 4 niveles podíamos comenzar el primer año de operación en marzo de 1989.

Por lo tanto, se iniciaron paralelamente varias actividades como la búsqueda de matrícula, la creación de la Cooperativa de Servicios Educativos de Alajuela, EDUCOOP R.L., la que hoy día cuenta con 55 asociados, 325 alumnos, 8 graduaciones de nivel primario y 3 de nivel secundario.  Durante ese año 1989, la creación de la Cooperativa mediante una Asamblea General con el apoyo de INFOCOOP y con una numerosa asistencia de personas con necesidades y sueños similares, y también con la presencia de algunos escépticos quienes manifestaban su opinión que reunir a personas con ideales parecidos era algo muy difícil de alcanzar.   Para obtener el objetivo se debió también pasar por encima de no pocos intereses personales y económicos que algunos de los presentes tenían con evidente intención de derivar beneficios personales y no comunitarios.

 Con trayectoria en educación y no precisamente de profesión, había estado en contactos durante algunos años con jóvenes universitarios durante mi trabajo como profesora en varios cursos de la carrera de administración de empresas.   Había detectado fallas muy graves del sistema educativo de ese momento y no fue difícil definir lo que no queríamos de nuestra institución.   Algunos de los puntos analizados detallo a continuación:

  • Limitadas posibilidades de expresión oral y escrita, con faltas ortográficas en la mayoría de los estudiantes
  • Falta de ideales y de una definición clara del por qué habían escogido la carrera
  • Irresponsabilidad en el cumplimiento de sus deberes
  • Bajo rendimiento académico
  • Alta deserción académica
  • Falta de identificación en problemas de interés social
  • Falta de formación en valores éticos y morales demostrados por el afán de ganar los cursos a toda costa.

Todas estas experiencias vividas junto a la de otras personas me llevaron a la conclusión del gran vacío que había en el sistema de educación y las grandes diferencias con el que yo había recibido que provocó el deseo de seguir trabajando.  En algunos momentos pensé que la tarea no iba a ser fácil y que mi hija sería un conejillo de indias.  Sin embargo, a pesar de todo valía la pena hacer algo por cambiar las cosas y el análisis presentado sirvió de parámetro para presentar un enfoque de lo que se debería considerar la propuesta educativa.

Una vez definidos los grupos que se impartirían, el Consejo de Administración nombró un gerente que debía contratar el personal idóneo, así como el alquilar la casa que albergaría la institución.  Asimismo se contrataron dos profesionales en el área de inglés y español para confeccionar los programas.  Con todos los detalles afinados, se comenzó el curso lectivo.

A finales del primer curso lectivo y por un error a la hora de presupuestar los costos de operación, nos vimos en la imperiosa necesidad de pedir dinero prestado a un asociado para pagar las prestaciones legales del personal.

El segundo año transcurrió sin grandes novedades, con una matrícula similar al del año anterior, pero se notó una mejor proyección hacia la comunidad por la calidad académica que logramos.  En este año se inició un programa extracurricular para adultos, después del horario normal de estudios.

A finales de 1990, Alajuela fue sacudida por un terremoto que dañó seriamente las instalaciones que alquilaba nuestra institución, así como otras viviendas y edificios de la ciudad, por lo que nos vimos en la necesidad de buscar otro lugar.  Tocamos varias puertas, entre ellas personeros del Ministerio de Educación Pública para buscar una posible solución al problema.  Todas las gestiones infructuosas y materialmente para el inicio de lecciones en marzo, no teníamos una solución viable ni desde el punto de vista material ni del económico, ya que ante la inopia de los alquileres en Alajuela, subieron vertiginosamente de valor.   Para evitar el inminente cierre de operaciones, propuse que la institución se trasladase a una parte de mi casa en Alajuela, donde dispondría de 3 cuartos, un garaje, el área social y dos baños, para permitir de esta forma la operación al menos momentáneamente.  Mi familia apoyó decididamente esta decisión para beneficio de los educandos.

Sólo seis meses después se pudo alquilar un local, siempre en el centro de Alajuela, con mayores facilidades y donde nuestra institución funcionó los siguientes cinco años.

Durante el período indicado anteriormente, se consiguió el personal idóneo y se inició la operación de la secundaria y se cambió el nombre a la institución a INSTITUTO EDUCATIVO SAN GERARDO, cuyos servicios se extienden hasta nuestros días y abarcan desde maternal, preescolar, primaria y secundaria.

La apertura no resultó todo lo exitosa que se esperaba y el análisis de la situación nos indicó que el principal limitante del avance de nuestro proyecto era la carencia de instalaciones apropiadas, tanto cualitativa como cuantitativamente.

El primer paso que se dio para resolver este problema fue la búsqueda de los terrenos adecuados, después de cometer algunos errores, se compró el terreno que actualmente alberga nuestra institución.  Se motivó a los asociados para hacerles comprender que era necesario un aumento de capital para convertirnos en sujetos de crédito viables ante el INFOCOOP y se hizo una revisión de los asociados que no participaban en las gestiones de la empresa para facilitar la toma de decisiones en las Asambleas Generales.   También se tomaron medidas para reducir los costos y mejorar los estados financieros, lo cual se obtuvo con la contratación de un nuevo gerente.

Hoy podemos decir que aquella idea que nació de un grupo de personas es una realidad.  Creemos que falta mucho por hacer, a pesar de los sustanciales logros obtenidos, hemos puesto los ojos en la posibilidad de crear un nivel universitario para completar la gama de opciones para nuestros educandos.